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Crónica de un peregrino:JMJ+fc

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No sabíamos muy bien qué nos íbamos a encontrar, qué ibamos a hacer o qué iba a pasar. Tan solo teníamos claro que el destino era Claret Segovia y, personalmente, esa idea de ir a ciegas me encantaba. Una nueva aventura nos esperaba y algo por dentro nos decía que iba a ser muy grande. Nuestros pronósticos no fallaron. Nunca estuvimos en un evento de tanta envergadura, que moviera a tanta gente y que nos juntara a todos con semejante ambiente. Una fiesta, la verdadera folixa papal delante de nuestros ojos durante 12 días.

No entramos del todo bien. Abandonados durante horas sin que nos hicieran caso ya que nos faltaba el jefe de región, que llegaba con la muchachada en bus para poder organizar y ’’empezar’’. Una vez iniciados llegó el primer impacto del viaje y que marcaría el futuro: un servidor recibía la notificación de que sería animador durante la JMJ en familia claretiana. Plas con todas las letras. Incredulidad y risas acompañaron los siguientes momentos. Todavía aturdido del golpe decidí tomármelo como un reto: no entraba en lo habitual liderar un grupo de valencianas, argentinas, portuguesas y sevillanos ni colaborar para coordinar a mil trescientas personas, así que habría que dar lo mejor de uno mismo para que todo saliera bien y dejar huella.

Ya metidos en faena vimos que todo lo que nos esperaba tendría forma de canción, de baile, de color, de mucha gente, de muchos países, de risas, de familia, de brillo, de que vayamos donde vayamos, la liamos. No todo terminaba ahí. Llamaba la atención dormir junto a otras 600 personas en el mismo pabellón, sobre todo a la hora del tema baños. Fue fácil, directamente apenas salía agua así que no había mucho que compartir, además de un enchufe para todos y todos para uno. Imaginación al poder y rellenar botellas para ducharse. Acostados, un mar de posibilidades: a la derecha de nuestras esterillas, Puerto Rico; detrás Polonia, a la izquierda Bética y enfrente Argentina, un festival.

Pasaron los días. Vivimos muchas cosas en Segovia y Madrid en forma de cánticos, bailes, flashmob, conciertos, eucaristías, catequesis, supercopa, lipdub, caminatas, grupos, tiempo libre, metro, charlas, parque, invasiones, largas colas y un duro sol que nunca nos abandonó y le dio protagonismo al samur en nuestras vidas. Para sobrevivir, agua a mansalva. Corrían más botellas que aire. Nuestra mejor amiga era la sombra, nunca nos fallaba y siempre nos salvaba de cocer. Tras unos días conociendo gente de otros lugares en Segovia gracias a las Hermandades (grupos), en Madrid funcionamos por origen así que Gijón se hizo piña, acogiendo además a los zamoranos y en contacto con Logroño, Segovia y Madrid. La provincia de Santiago se unió no sin la idea de que nuestro Puto Gueto, mayores y menores, partíamos el bacalao.

Entre el día de la misa de Rouco y el paseo del Papa pensamos que ya teníamos visto suficiente gente junta pero fue nada comparado a lo que nos esperaba en Cuatro Vientos. Espectacular. Inigualable. Nadie imaginaba algo así. No se veía el final del recinto, tan sólo cabezas y banderas. Gente a puñados y allí despertaron sensaciones. Estábamos dentro del evento más grande del mundo, no todos los días podríamos vivirlo así. Aquella era la Juventud del Papa. Una tormenta que algunos bautizaron como huracán nos jodió y preocupó, aunque una vez pasada quedó como otra prueba más de que íbamos allí con un par, nadie dijo que sería fácil y atrás quedaron las adversidades. Seguíamos adelante, firmes en la fe, nada nos iba a impedir contarlo a los demás con una gran sonrisa a nuestro regreso.

Se acabó y de nuevo en familia claretiana cerramos la experiencia. A falta de algún evento lúdico-festivo más en la noche, la misa final fue una fiesta. Sinceramente algunos entramos en trance, no en todas las misas acabas saltando encima del último banco de la zona del coro, nuestro fondo sur para que nos entendamos, dejando la voz y las palmas con el ’’Si si si nos vamos a Brasil’’ y nuestro glorioso himno entre otros cánticos allí entonados. Despedidas varias, volvimos a nuestra tierrina con ganas de quedarnos allí, echando de menos a la gente que conocimos o ya conocíamos y con la que pasamos los días, con mucho sueño y mucho cansancio en nuestros cuerpos que llevaban 12 días de intensa paliza, cargados con muchas cosas del merchandising JMJ, con millones de anécdotas y risas en el historial y con un evento inolvidable en nuestras retinas.

Desde aquí quiero agradecer a todos los miembros de mi Hermandad, la número 33, por haber hecho de mi trabajo de animador un gusto y un verdadero placer, no los olvidaré. También a toda la gente de Gijón y algunos más, todos los allegados que me acompañaron estos días, por hacer de este viaje un sueño eterno en mi cabeza y mi corazón. Muchas gracias a todos. Nos vemos en JMJ Río 2013.

Pablo Fernández Álvarez (Blin)

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Miércoles 14 de septiembre de 2011, por Corazon de María