Excursion FIN DE CURSO
Es buena la puntualidad. Ella agiliza nuestros encuentros y proyectos. Saliendo a las nueve en punto, llegamos a nuestro destino, Santuario de la Barquera, a las 10,30. Ello nos permitió tras saludar al P. Manolo, contemplar las primeras imágenes de este precioso lugar, San Vicente de la Barquera. Siempre en grupo, alegres, nos preparamos apara celebrar la Eucaristía, presidida por el P. Julio, “guía” de nuestra excursión parroquial. Cuarenta y dos personas –incluido Nacho, nuestro conductor- cantamos, oramos, vivimos unidos la Eucaristía con un marcado tono mariano y eclesial.
Acabada la Eucaristía con una entrañable foto al lado de la Barquera, iniciamos nuestro paseo urbano por San Vicente ascendiendo hasta la parroquia, Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles. Allí una atenta guía nos mostró las maravillas de semejante templo gótico, con dos portadas románicas. Su altar barroco, el sepulcro de D. Antonio del Corro, el coro, sus suelos de ébano y piedra… fueron para nosotros motivo de disfrutar ante su esbeltez y belleza.
Pausadamente, habiendo ascendido a lo más alto de la villa, fuimos recorriendo sus calles, comercios, soportales y paseos, dirigiéndonos luego a Pesúes, lugar en el que nos esperaba el Restaurante Baviera. Su agilidad, su calidad y su estratégica situación nos facilitaron el disfrutar de una comida sosegada, unida y sabrosa, siempre en un ambiente distendido y alegre.
Posteriormente nos dirigimos a Las Cuevas de El Soplao, a 20 km. de Pesúes. En este breve recorrido pudimos vivir la ascensión –pareja a nuestra ilusión- que nos dejaba expectantes ante el espectáculo maravilloso que íbamos a contemplar. Así fue, tras un cuarto de hora fresco, muy fresco, tras las leves y consabidas compras en la tienda, tras algún café caliente, el y ”tren de alta velocidad” –estampa típica minera, renqueante, lenta y chirriante- nos fuimos introduciendo en la Cueva. Pronto pudimos comprender la singularidad de sus formaciones excéntricas, sus estrellas, sus mil caprichos y colores en sus bóvedas, imágenes, lámparas, figuras esbeltas. La guía muy atenta y discreta, en todo momento amenizó nuestra visita con su delicadeza y atención. “El Coro”, espacio singular para el silencio y la contemplación nos dio lugar a que Paco, de nuestro Coro, recreara nuestro oído con un canto veneciano -¿fragmento operístico?- que nos embargó de emoción y sosiego. ¡Gracias!
Concluida esta privilegiada visita –siempre en paz y armonía, a pesar del rigor de la niebla- nos dirigimos, ya de vuelta, a Ribadesella, lugar en el que pasamos media hora larga repasando sus calles, cafeterías y rincones.
Tras el último caramelo, el P. Julio nos comunicó su próximo futuro, concluyendo en fecha próxima su estancia en nuestra parroquia. Agradeciendo a todos sus deseos –fue un caramelo agridulce-, con un tiempo poco estable, lluvioso, oscuro y fresco (nada tuvo que ver con nuestra alegría y armonía) llegábamos a Gijón hacia las nueve menos cuarto.
Quiero dejar constancia, finalmente, del buen sabor que esta convivencia –excursión parroquial de fin de curso- ha dejado en todos nosotros. Gracias a Dios, y a todos vosotros ha sido un día muy agradable, hermoso, singular, fraterno… ¡Copmo corresponde a los “Hijos del Corazón de María!
Domingo 20 de junio de 2010, por

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